La estratégica situación costera de Torremolinos en la vieja historia la convirtió en un lugar de asentamiento de civilizaciones, fenicios, griegos, romanos y árabes.

Los primeros datos de la población datan de 1489, año de la primera conquista cristiana de Málaga, en cuyo reparto de tierras se hablaba de un maravilloso lugar conocido como "Los Molinos de la Torre" movido por las aguas de abundantes manantiales en cuyas inmediaciones acamparon los Reyes Católicos con su vasto ejército en la preparación del sitio de Málaga, lugar que quedó adscrito al territorio del ahora municipio de Alhaurín de la Torre. 

Aunque algunos historiadores aseguran que ciertas piedras moldeadas, halladas en nuestras playas y colinas, justificarían la presencia humana en Torremolinos hace 150.000 años, las pruebas más firmes de nuestra Prehistoria las hallaríamos en los nueve cráneos humanos, decenas de huesos, vasijas de arcilla, puntas de hacha y flechas, adornos de collares y brazaletes, un anillo y algunos huesos de animales aparecidos en las excavaciones realizadas en las ya desaparecidas, Cuevas del Tesoro, Cueva Tapada, Cueva de los Tejones y Cueva del Encanto, en la conocida por Punta de Torremolinos, hoy Castillo de Santa Clara y alrededores.

Decía Ptolomeo, un astrónomo griego nacido dos siglos antes de Cristo, que muy cerca de aquí, entre la margen derecha del Río Guadalhorce y los terrenos que hoy ocupa el Parador de Golf, los fenicios fundaron una ciudad llamada Saduce, que tuvo gran influencia en el Mediterráneo como puerto fluvial, pero de cuya existencia apenas quedan restos.

Hacia el año 1.300 la Dinastía Musulmana de Los Nazaríes, que reinó en Málaga desde el Siglo XIII al XV, construyó la Torre de Defensa situada al final de la Calle San Miguel, conocida ya en las Ordenanzas de 1.497 como "Torre de los Molinos", y años más tarde denominada también de Pimentel, en honor de D. Rodrigo Pimentel, Conde de Benavente (Zamora), que ayudó militarmente a los Reyes Católicos con 2.000 caballos y 4.999 peones en la Campaña de la conquista de Granada y la Toma de Málaga allá por 1.487, cinco años antes de que Colón descubriera América. 

Aunque hay constancias históricas de que Torremolinos era ya "población" en 1.801, e incluso conocemos que Antonio de Montes Díez era su Alcalde, hay referencias de vecinos muy anteriores a ello. 

Dicen los Archivos de la Catedral de Málaga que el día 5 de Mayo de 1.503, el guarda de la torre situada en el Término de Torremolinos "que se dixo por nombre Alonso Martín", avisaba al Señor Corregidor de que había avistado cinco naves moras metidas en alta mar, por lo que éste puso en alerta las tropas y se acudió para evitar el peligro. 

Gracias a la constitución caliza de las Sierras y los terrenos de Torremolinos, las gotas de lluvia son retenidas hasta tal punto que, incluso bien alto de algunos cerros, brotan manantiales de agua purísima. 

Este tesoro acuífero llegó a formar en tiempos pasados un gran cauce que fue aprovechado por los árabes para construir los primeros molinos de los que se tienen noticias. Tal era su importancia, que una vez terminada La Reconquista, en 1.497, Los Reyes Católicos otorgaron a la Ciudad de Málaga el privilegio de nuestras aguas y la propiedad de los numerosos molinos, aunque en aquellos difíciles tiempos el peligro de los piratas turcos y moros acechaba continuamente, y a veces, los molineros abandonaban nuestros molinos, y se iban a moler a los de Churriana, más alejados de la costa y por tanto, más seguros. 

Con el transcurrir de los años se idearon estrategias militares para defender, no solamente la industria molinera, sino a los barcos que cruzaban frente al morro. Así en 1.763 se inicia la construcción de un castillo en lo que hoy es el Hotel Santa Clara y colinas cercanas de Montemar, que disponía de cuarteles para caballería e infantería, viviendas, almacenes, capilla y una batería de cañones de 24 libras, cuyo alcance se adentraba en el mar una legua, casi 6 km. Restos de este fortín aún se conservan sobre la parte alta de Montemar, zona conocida precisamente por "La Batería". 

Este castillo serviría años más tarde como Cuartel de Carabineros, y a principios de nuestro siglo, allá por el año 1.900, lo compró Sir George Langworthy, transformándolo en finca con espléndidos jardines y miradores sobre el mar. La mayoría de nuestros abuelos, incluso nuestros padres, recuerdan con cariño a este señor, a quien llamaban "El Señorito Inglés" o "El Inglés de la Peseta", porque socorría a los necesitados, acudía a la cabecera de los enfermos, la gente hacía cola a la puerta de su finca para rezar lo que se conocía como el "Tratamiento" y de esta manera recibían una peseta de plata, que en aquel entonces significaba la comida diaria de una familia entera. 

Vivió este inglés la triste fecha del 17 de Diciembre de 1.923, cuando 446 vecinos, la mayoría de un censo de 695, solicitaron al Ayuntamiento de Málaga la anexión de Torremolinos a ese municipio, acontecimiento que se produjo meses más tarde, el 30 de Junio de 1.924, argumentados en las grandes deudas contraídas con el Tesoro, 252.288,86 Ptas. y las pobres 5,13 Ptas. que figuraban en la Caja del Ayuntamiento, lo que imposibilitaba la viabilidad futura del pueblo. El último alcalde fue D. Miguel Fernández Alcauza. Tendrían que pasar 64 años para que Torremolinos volviera a tener otra vez su propio Alcalde. 

Después de la conversión del Castillo de Santa Clara en parador y residencia para extranjeros, en 1933 doña Carlota Alessandry Tettamanzy, propietaria de numerosas tierras de La Carihuela, decidió convertir su cortijo de Cucazorra en el Parador de Montemar, con siete habitaciones.

Después de la conversión del Castillo de Santa Clara en parador y residencia para extranjeros, en 1933 doña Carlota Alessandry Tettamanzy, propietaria de numerosas tierras de La Carihuela, decidió convertir su cortijo de Cucazorra en el Parador de Montemar, con siete habitaciones.