PREHISTORIA
Aunque
algunos historiadores aseguran que ciertas piedras moldeadas,
halladas en nuestras playas y colinas, justificarían
la presencia humana en Torremolinos hace 150.000 años,
las pruebas más firmes de nuestra Prehistoria las hallaríamos
en los nueve cráneos humanos, decenas de huesos, vasijas
de arcilla, puntas de hacha y flechas, adornos de collares y
brazaletes, un anillo y algunos huesos de animales aparecidos
en las excavaciones realizadas en las ya desaparecidas, Cuevas
del Tesoro, Cueva Tapada, Cueva de los Tejones y Cueva del Encanto,
en la conocida por Punta de Torremolinos, hoy Castillo de Santa
Clara y alrededores.
El detallado estudio
de estas piezas las sitúa en el llamado Período
Neolítico de la Era Cuaternaria, unos 5.000 años
antes del nacimiento de Cristo, período caracterizado
porque el hombre primitivo aprendió a cultivar los campos,
a practicar la ganadería, fabricar cerámica, tejer
la lana y a trabajar la piedra para obtener utensilios domésticos
y de caza. Aún no se conocían los metales.
Estas características
concuerdan perfectamente con los restos hallados aquí,
en nuestras cuevas, lo que nos viene a decir que, aquellos primitivos
pobladores neolíticos de Torremolinos, no sólo
eran alfareros, sino que conocían la cuerda (puesto que
la utilizaban de adorno en sus vasijas), conocían su
trenzado para sujetar las piedras de sus hachas y flechas, los
adornos de sus collares y brazaletes y además, es de
suponer, que sabían tejer y hacerse sus propios vestidos.
Ahora bien, nos preguntamos,
¿cómo serían aquellos hombres y mujeres?.
Algunos historiadores
concluyen que eran de baja estatura (1,50 ó 1,60 m.),
cráneo dolicocéfalo (cabeza más larga que
ancha), frente hundida y nariz y rasgos negroides, fundado sobre
todo en la propia abertura de las fosas nasales. Asimismo deducen
que vivían principalmente a cielo raso, en primitivas
chozas y que utilizaban las cuevas como refugio ocasional y
como sepulcros, en los cuales colocaban a los cadáveres
sentados, la espalda apoyada en la pared, cubiertos de adornos
y en compañía de algún animal doméstico,
como el cerdo, siguiendo la costumbre generalizada en toda Europa
en el Período Neolítico.
En resumen gente más
cazadora e industrial que guerrera y, aunque algunos adornos
de sus collares y brazaletes estuvieran hechos de las conchas
de algunos moluscos, se puede asegurar que no era gente marinera,
ni utilizaban anzuelos ni otros utensilios de pesca para obtener
alimentos del mar. Detalle éste, extraño y significativo,
pues con toda seguridad vivían próximo a sus orillas.
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